Esta vibrante pintura cubista muestra un bodegón formado por figuras angulares y colores intensos. Una botella y una jarra se alzan con protagonismo sobre la mesa, rodeadas por una manzana, una naranja y una pera acomodadas en un cuenco geométrico. El fondo abre a un paisaje estilizado con montañas y una masa de agua, enmarcado por un cielo luminoso salpicado de nubes. El uso de azules y verdes contundentes junto con tonos terrosos crea una composición dinámica y armónica. Las formas angulares y los planos fragmentados aportan al cuadro sensación de profundidad y movimiento, típica del estilo cubista.